2La artista nos muestra mujeres heridas que hurgan en el pasado para superarlo y dejarlo atrás.»
En otra vida empecé la carrera de arquitectura. Entonces teníamos nueve horas semanales de dibujo artístico y el profesor nos llevaba a recorrer la ciudad. Nos sentábamos en unas sillitas plegables que tuvimos que comprar y reproducíamos a mano alzada la perspectiva con punto de fuga del Arco de Triunfo, los animales del zoo o la fuente del parque de la Ciutadella.
Yo me esforzaba mucho. Me parecía que el resultado era aceptable, pero entonces el profesor observaba el dibujo unos instantes y me decía: bórralo y vuelve a empezar. Desde entonces pienso que algún día me apuntaré a clases de pintura. Si Eva organiza un taller de dibujo, seré su primera alumna.
Conocí a Eva Surís en un taller de Catorze. Hago un paréntesis para decir que de los talleres de Catorze he conocido a gente excepcional, he aprendido un montón de cosas y ahora escribo allí: un lujo.
Eva es pintora. Y pinta precioso. El primer dibujo que le vi fue una reproducción de los alumnos que estábamos en aquel taller de Catorze. Después tuve la suerte de que fuera mi amiga invisible y me regalara un pequeño retrato. El crecimiento personal y artístico que le he visto desde entonces ha sido inmenso. Y ahora expone la obra de los últimos años en el centro Tao, en el barrio de Sarrià de Barcelona (Pedró de la Creu, 47), bajo el título Azules del alma.
Lo primero que sientes al observar la obra de Eva es un abrazo de azul. No hace mucho leía en un texto de Eva Piquer que azules en la naturaleza casi no hay, aparte del mar y del cielo. En cambio, el alma está llena de ellos. Pensamos en el rojo cuando la pasión nos enciende y en los grises y negros cuando la pena es profunda. El verde, en cambio, evoca renacimientos. Pero para las heridas invisibles que forman costra antes de cicatrizar para poder renacer, está el azul. Como los moratones que aparecen en la piel después de haber sido violentada.
Eva navega, se observa y renace desde el azul. Ella pinta desde dentro. ¿Desde dónde, si no, podemos dar a luz al arte? Su pintura va de dentro hacia fuera. Ella no observa el mundo y lo reproduce como hacíamos los aprendices de arquitecto en aquellas clases de dibujo, ella se adentra en los rincones más vulnerables y, desde allí, sincera, se expresa y sale hacia fuera.
Por eso sus cuadros son curas: vendas y palabras, abrazos y zurcidos. Eva nos muestra mujeres heridas que hurgan en el pasado para superarlo y dejarlo atrás. Mujeres que buscan la luz. Pienso entonces en La anguila de Paula Bonet y en cómo busca también desesperadamente la luz.
Las mujeres que pinta Eva crecen y transitan de la oscuridad a la claridad, de la desnudez a la fortaleza, de la mano vacía a la mano entrelazada, bajo la mirada protectora de la luna. A menudo se rodean de capiteles que evocan el pasado, de geometrías y de ventanas. Son mujeres heridas que han querido nadar con fuerza en el mar azul y no se han hundido en él. Mujeres que renacen.
Poder contemplar las pinturas de Eva tan bien expuestas e iluminadas es un placer. Escucharla narrar el origen de todos estos azules lo es aún más. Es un aprendizaje y un consuelo. Id a verla. Eva estará allí los viernes por la tarde y los sábados por la mañana hasta finales de enero. Os cogerá de la mano para sumergiros en esta cura de azules.
Un article de Sandra Freijomil