A través de la figura de una mujer que flota sobre el agua, la artista nos habla de aquellos momentos en los que necesitamos detenernos, soltar el peso que arrastramos y confiar en nuestra capacidad para seguir adelante.
El agua se convierte en un símbolo de serenidad y resistencia. Un espacio donde la fragilidad no es sinónimo de debilidad, sino otra manera de expresar la fortaleza que llevamos dentro.
Detenerse, cerrar los ojos y contar hasta diez. Una mujer descansa sobre el agua, su cuerpo flota desafiando la ley de la gravedad.
El agua nos recuerda que, incluso cuando todo pesa, hay una calma profunda capaz de sostenernos.
Este cuadro habla de dejarse llevar sin caer, confiar… encontrar en una misma la fuerza interior necesaria para seguir adelante.
En la fragilidad también hay resistencia.