A través de la pintura, Eva Surís nos presenta la soledad no como una ausencia, sino como un espacio de crecimiento, de aceptación y de descubrimiento personal. Una mirada íntima que transforma el hecho de estar sola en una oportunidad para reencontrarse consigo misma.
«Una vez aprendes a vivir sola, la soledad se convierte en tu gran amiga y compañera de viaje.
Ahí está ella, con un pasado presente y un futuro lleno de oportunidades esperándola».