Acrílico sobre tela y bastidor (130x97cm).
Está bien que el tiempo no lo borre todo. Creo que no es su paso lo que nos cura, sino una misma y su fortaleza. Siempre queda alguna impronta del pasado. Que de ahí nazca la sabiduría dependerá de la conciencia que ponemos al observarlo, desde la distancia.
Ella agradece la belleza de lo vivido. Ha disfrutado las partes más dulces y el dolor la ha hecho más fuerte.
Al final sólo nos queda lo que quiere estar y así debemos aceptarlo, como la naturaleza que se mueve y transforma más allá de nuestra voluntad.
La luna y la energía de la tierra siempre le acompañan.